ONG piden la emisión de un decreto legislativo en el que se declare a las personas de la tercera edad como prioridad en la asignación de recursos para atender la emergencia. Además, manifiestan la importancia de crear un plan de envejecimiento que profundice las normas y políticas dirigidas a los adultos mayores

Trombosis. Ese fue el diagnóstico de Gustavo Centes hace ocho años. La aspirina, el medicamento para tratar su patología, no la toma desde que comenzó la cuarentena, el 16 de marzo. No ha tenido acceso a ella porque la iglesia Nuestra Señora de la Candelaria, ubicada en la avenida Andrés Bello, no ha abierto sus puertas y son sus voluntarios quienes se la proporcionan.

Con sus 59 años y 40 kilogramos recorre todos los días, con las dificultades que conlleva su enfermedad, las cercanías del templo católico ofreciendo cigarros y chupetas, buscando un sustento. “Salgo, aunque no debería, porque no tengo nada que comer. Cuando no vendo, debo acostarme sin comer o buscar lo que me queda de comida en la nevera”.

Los sábados va a buscar alimento a la iglesia, pero tiene varias semanas sin poder hacerlo. Desde el decreto de estado de alarma, su situación ha empeorado. Afirma que la bolsa entregada por los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap) llega cada mes y medio a Chapellín, barrio de la parroquia El Recreo en el que reside solo. Además, no cuenta con ningún familiar que lo ayude.

Un estudio realizado entre septiembre y octubre de 2019 por las organizaciones Convite y HelpAge International concluyó que el 77% de los adultos mayores no tienen acceso a los alimentos y que tres de cada cinco se acuestan regularmente sin comer. Gustavo forma parte de esa estadística.

“Salgo, aunque no debería, porque no tengo nada que comer”

Luis Francisco Cabezas, director de Convite, resalta que esta población viene con un deterioro importante. “No tienen acceso a los servicios de salud y su alimentación se fundamenta en carbohidratos, granos y grasas. Comen pellejos y cortes de carne, porque ya ni los huevos pueden comprar”.

Aunque estos días han sido complicados, Gustavo afianza su fe en Dios y ora constantemente: “Le pido que me proteja, que me ayude”. Sabe que puede enfermarse por el COVID-19, porque aunque use tapabocas, no es suficiente. Sin embargo, se recuerda que «de algo hay que morirse».

Cuando una mejor condición socioeconómica no da total tranquilidad

Nieves Gómez, de 84 años, vive con una cuidadora desde hace un mes. Anteriormente el acompañamiento era constante, pero no requería la pernocta. Sin embargo, desde que comenzó el distanciamiento social decidieron que ninguna saldría de casa, con la intención de preservar la salud de ambas.

Hace un poco más de cuatro meses, el 30 de noviembre, la operaron por una fractura en la cadera. La llegada del nuevo coronavirus ha perjudicado su proceso de recuperación. Es católica practicante y comenzaba a asistir a la iglesia en silla de ruedas cuando comenzó la cuarentena. Tampoco ha podido asistir a su consulta médica; ha tenido que ser atendida telefónicamente y eso retrasa su rehabilitación.

La señora Nieves vive de sus ahorros; asegura que su jubilación como profesora universitaria y la pensión del Seguro Social no le alcanzan para costear sus gastos. Aunque entiende que la situación es compleja, agradece contar con un servicio privado que la ayuda a conseguir sus medicinas y que semanalmente le lleva el mercado hasta casa.


UN ESTUDIO REALIZADO EN 2019, CONCLUYE QUE EL 77% DE LAS PERSONAS MAYORES NO TIENEN ACCESO A LOS ALIMENTOS Y QUE 3 DE CADA 5 SE ACUESTAN REGULARMENTE SIN COMER


No tiene problemas para conseguir el tratamiento para la hipertensión y el hipotiroidismo, pero en cuanto a su glaucoma en ambos ojos, señala que debe pedirle a un conocido que le traiga el remedio del extranjero, porque no se consigue en el país.

La presión arterial alta es una de las morbilidades potenciadoras de la letalidad del COVID-19, destaca el informe presentado por las ONG Convite y HelpAge International. Esto sitúa a Nieves entre el 70% de los adultos mayores que requieren medición regular y tratamiento de por vida.

Limitaciones para preservar la salud

A José Adrián Pereira le diagnosticaron cáncer en la próstata hace un par de años. Luego de varios procedimientos, la lesión desapareció, pero debe cumplir un tratamiento para que el órgano no recrezca.

Los constantes problemas de transporte le han complicado la búsqueda de la medicación. Sale de su casa en Santa Mónica hacia Los Próceres para tomar el BusCaracas, luego se queda en La Hoyada y, finalmente, camina casi tres kilómetros hasta el Instituto de Oncología Doctor Luis Razetti.

Cuando fue a buscarlo, el mes pasado, el medicamento no había llegado. Perdió el viaje. Le aseguraron que para el 15 de abril lo tendría y él espera que sea así, porque es la forma que tiene para mantener un funcionamiento adecuado de su organismo.

Aunque tiene 72 años y forma parte del grupo poblacional que presenta mayores riesgos frente al nuevo coronavirus, no tiene miedo de salir a hacer sus diligencias médicas y a comprar alimentos.

La compañía de seguridad donde trabaja como chofer desde hace 11 años le ha seguido pagando su salario pese al confinamiento que les impide laborar. Esto le ha permitido mantener sus ingresos y costear sus necesidades.


“Tenemos miedo, pero la fuerza, voluntad y las ganas de seguir trabajando debilitan cualquier virus”

Luis Carlos García, director de Desarrollo Social de la Alcaldía de Chacao

El director de la organización Convite indica que las principales necesidades de esta población son el dinero, las medicinas y la comida. Alerta que la llegada del virus al país incrementa los niveles de angustia y ansiedad.

Recuerda que, aunque la mayoría de los casos positivos de COVID-19 en Venezuela no son adultos mayores, ocho de los fallecidos sí pertenecen a este grupo, por lo que hay que tener gran atención y cuidado con esta población.

Organizaciones y empresas ponen manos a la obra

La psicopedagoga María Gabriela Chalbaud es una de las fundadoras de la empresa Mi hijo suplente, un proyecto que nació a mediados de 2019 con el objetivo de brindar acompañamiento, cuidado y atención a adultos mayores.

Actualmente atienden a seis personas que contrataron sus servicios y a dos de forma voluntaria. “La experiencia ha sido super buena. Aunque es una gota de agua en el mar, con nuestro trabajo impactamos a todo el núcleo familiar”, resalta.

Chalbaud reconoce que por estos días diversas personas han requerido de su ayuda para abastecerse de fármacos y víveres, labor que han logrado sin descuidar a sus clientes habituales. “Se han presentado problemas con la gasolina, pero hemos podido cumplir con quienes han necesitado de nuestra colaboración”.

Cabezas, politólogo especialista en programas sociales, señala que el Estado debería diseñar mecanismos de asistencia comunitaria que proporcionen constante atención a esta población. “Es necesario propiciar que ellos estén en la calle el menor tiempo posible. Proveerlos de alimentos, medicinas y colaborar con su traslado hacia los centros de salud”

Esto lo hace desde 2018 el programa Chacao Solidario, que pertenece al departamento de Desarrollo Social de la Alcaldía de Chacao. La iniciativa, que actualmente beneficia a 82 adultos mayores y cuatro personas en situación de calle, se ha visto afectada por la cuarentena.


AUNQUE LA MAYORÍA DE LOS CASOS POSITIVOS DE COVID-19 EN VENEZUELA NO SON EN ADULTOS MAYORES, OCHO DE LOS FALLECIDOS SÍ PERTENECEN A ESTE GRUPO


“Debido a que los mercados a cielo abierto permanecen cerrados se nos dificulta recibir los insumos, razón por la que hemos tenido que trabajar por tandas”, comenta Carlos Luis García, quien dirige el proyecto. Sin embargo, señala que continúan con su labor gracias a la colaboración de particulares.

De acuerdo con la data del Instituto Venezolano de Seguros Sociales (Ivss), hay casi cuatro millones de adultos mayores en el país. Según la Alcaldía de Chacao, ese es el municipio caraqueño con mayor cantidad de población de la tercera edad, con un 23%. García destaca que se pueden encontrar tres tipos de personas en este grupo: abuelos sin familia, abuelos con familia en el extranjero y abuelos con familia que no se responsabiliza por ellos.

Afirma que en estos momentos de contingencia, su misión es ayudar a quienes más lo necesitan: “Tenemos miedo, pero la fuerza, voluntad y las ganas de seguir trabajando debilitan cualquier virus”.

Fuente: El Pitazo