La señora Julieta, nonagenaria de Caracas, Venezuela, baila de alegría y agradecimiento cada vez que Vicente le lleva una bolsa de comida. Esta semana tuvo la dicha de recibir queso, arroz, cerdo y asado preparados, sopa y pan, entre otros alimentos. Como ella, 400 “abuelitos” — como se llama comúnmente a los adultos mayores en Venezuela — reciben paquetes de comida semanalmente, gracias al Plan Buen Vecino.

Las medidas de distanciamiento social dictadas por el gobierno el 16 de marzo, a raíz de la crisis sanitaria mundial, tienen como finalidad disminuir la propagación del virus. Sin embargo, otras dificultades han surgido. ¿Cómo hacen los miembros de la población más vulnerable para adquirir alimentos, si temen salir y no tienen quién lo haga por ellos y si, además, no cuentan con los recursos necesarios para comprarlos?

Dos días después de dictadas las medidas, en Caracas, un grupo de ciudadanos creó el Plan Buen Vecino, cuyo objetivo es llevar alimentos a adultos mayores que se encuentren en estado de orfandad. En Venezuela, la palabra “orfandad” es usada por algunas organizaciones y medios para designar a las personas mayores cuyos familiares tuvieron que migrar como consecuencia de la crisis sociopolítica y humanitaria venezolana, y que no cuentan con apoyo del Estado. Según la ONG venezolana Convite, casi un millón de personas mayores se han quedado solas, a raíz del éxodo de sus familiares.

Yuraima Mercado, miembro de logística del Plan, cuenta a Global Voices que, luego del cierre de los comercios y restaurantes, como parte de las medidas de aislamiento social, algunos restaurantes quedaron con grandes cantidades de comida que no podrían comercializar. La fundadora del Plan, Verónica Gómez, quien conoce a algunos de los representantes de estos restaurantes, organizó un proyecto que permitiera repartir esos alimentos entre los adultos mayores.

Verónica se encargó, desde el inicio, de crear y estructurar el Plan Buen Vecino. A ella se le sumaron Valentina García y Yuraima en la organización del Plan. Poco a poco, otros amigos y conocidos se han ido agregando, quienes colaboran empacando, prestando equipos y cocinas o repartiendo, sobre todo en motos propias, los “combos” de comida.

Entre ellos se encuentra Vicente Velutini, el miembro del Plan a quien la señora Julieta baila cada vez que lo ve llegar. Vicente se encarga de la recolección y distribución de las donaciones. También organiza la logística de las rutas que siguen los repartidores, procurando cuidar la gasolina que usan – un bien actualmente en alta escasez en Venezuela – y que también reciben como donación.

Vicente reflexiona con Global Voices acerca del impacto del Plan Buen Vecino para un país como Venezuela:

No podemos curar la pobreza, pero sí podemos poner un granito de arena y ayudar a la gente que más lo necesita, que en el país es mucha. Por ahora, nosotros nos dedicamos a un pequeño grupo: los “abuelitos” más necesitados.

El proyecto que nació de la iniciativa y buena voluntad de Verónica, hoy cuenta con aproximadamente siete repartidores, tres personas en la cocina y cinco en la logística, todos colaborando de manera voluntaria. Forman parte de un “engranaje”, como lo define Vicente.

Las entregas que, inicialmente, incluían un almuerzo y dependían de aportes de comida de unos pocos restaurantes, ahora constan de paquetes con 10 o más productos y cinco comidas preparadas, gracias a diversos aportes de empresas y de la sociedad civil. Yuraima precisa que, actualmente, el Plan Buen Vecino entrega combos a 100 “abuelitos” por día, 400 a la semana.

El crecimiento ha sido tal que, actualmente, “el Plan es 100% sustentable”, según afirma Yuraima. Pretenden que, en 15 días, podrán pasar a 1000 comidas semanales. Por ello, Vicente anticipa que un “crecimiento inteligente, un aprendizaje rápido y adaptación a los cambios” son herramientas claves para el proceso de evolución del Plan. Otra herramienta esencial ha sido el uso de las redes sociales – un recurso ampliamente usado como alternativa informativa en Venezuela.

La presencia del Plan Buen Vecino en las redes sociales ha evolucionado como una “bola de nieve”, considera Vicente, quien recuerda cómo al principio los miembros del Plan recurrían a las redes para pedir donativos, mientras que, hoy en día, son los usuarios de las redes quienes los contactan a ellos, ofreciendo productos de utilidad. El Plan ha sido posible gracias a la coordinación entre el trabajo dedicado de sus miembros, la colaboración solidaria de la sociedad venezolana y el uso de la tecnología. Toda una “coproducción”, como lo califica Yuraima.

A pesar de ser una iniciativa ciudadana espontánea, los miembros del Plan siguen procedimientos cuidadosamente diseñados para el logro de sus objetivos. Reciben, de vecinos, información acerca de adultos mayores en estado de orfandad, lo cual deben verificar para proceder a registrarlos en la base de datos. Luego de ser ubicados, conversan con ellos sobre el Plan y se definen las rutas para concretar las entregas. Si los ancianos tienen familia o quien los ayude y les pueda comprar la comida, no son elegibles para el Plan.

Han desarrollado, también, otra opción estratégica: designar residentes de edificios con alta concentración de personas mayores, quienes se encargan de hacer el reparto de los combos, para así llegar a más beneficiados y diversificar las tareas. Además, tal como explica Vicente, las entregas son hechas siguiendo estrictos protocolos de higiene, bajo asesoría de un especialista en bioseguridad, lo cual incluye mantener la distancia física, desinfectar y empacar cuidadosamente los alimentos, y usar guantes y máscaras.

Yuraima y Vicente coinciden en la intención de que el Plan Buen Vecino trascienda a la coyuntura del COVID-19 y que, incluso, se logre expandir a otras zonas del país.

Vicente lo resume con espíritu de esperanza y resiliencia:

De cada tragedia y cada caos pueden surgir maravillas.

Una maravilla. Sin duda, eso es el Plan Buen Vecino para los 400 “abuelitos” venezolanos que se benefician de él, en medio de una crisis sanitaria mundial sin precedentes que coexiste con la peor crisis humanitaria a la que se ha enfrentado el país.

Fuente: es.globalvoices


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