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Voces de la Escasez

Relatos sobre la escasez de medicamentos en un país donde se puede morir de “mengua”

escasez.
  1.  f. Cortedad, mezquindad con que se hace algo.
  2.  f. Poquedad, mengua de algo. Escasez de trigo, de agua.
  3.  f. Pobreza o falta de lo necesario para subsistir. Vivir con escasez.

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Es difícil identificar cuándo empezó el fenómeno de la escasez de medicinas en Venezuela. Algunas investigaciones lo ubican desde el año 2012, mientras otras recogen datos que marcan un antes y un después en el año 2015, organizaciones de la sociedad civil comienzan a hablar de Emergencia Humanitaria en el país. Pero cuando lo hablas con el ciudadano de pie saltan las dudas y cada quién encuentra una anécdota que le permite identificar su momento específico.

El “no hay, no tengo” frente a una taquilla o cajero se ha vuelto parte de la rutina del venezolano desde los primeros síntomas de escasez de rubros esenciales.

En los medios de comunicación se registran investigaciones que revelan la escasez de alimentos de primera necesidad a raíz de la reforma agraria que se procuró en el año 2007 bajo el régimen de Hugo Chávez. Con la escasez, llega la desesperanza, la desesperación y un dejo de resignación. La nostalgia también se instala, con la vacilación de que “ahora sí” el país está tocando fondo. Frase que parece nunca tener un límite certero.

En 2012, el fuerte control cambiario que gangrenaba el sistema de importaciones del cual depende totalmente la industria farmacéutica para la compra de materia prima, plagado de corrupción y abuso de poder, llegó a desfalcar al Estado con al menos 400.000 millones de dólares. La crisis económica era inminente y estalla a partir de la acumulación de deudas e impagos con aerolíneas extranjeras, empresas, comerciantes y, por supuesto, la industria farmacéutica.

La deuda alcanzó a todos los bolsillos, de nacionales y trasnacionales, de empresarios y empleados, de jóvenes y abuelos, la caída del sistema económico y paralización aún mayor del aparato productivo era indetenible. Las medidas desesperadas fueron un remedio más mortal que la enfermedad: la regulación de precios generó pérdidas cuantiosas, porque ya no se recuperaba la inversión de la producción y con la regulación de precios apareció un villano que se instaló: el mercado negro.

En 2014, las pérdidas y las imposiciones gubernamentales frenaron el ritmo de fabricación, mermaron la calidad de ciertos productos y limitaron hasta el máximo algunas importaciones. Se manejaban índices de escasez de medicinas superiores a 60% y, en 2016, “se acaba el dinero” y el desabastecimiento asciende a 80%.

Desde nuestra labor de promoción y exigibilidad de derechos sociales comienza la inquietud por medir el acceso a medicinas de las principales morbilidades priorizando a la población de personas mayores, población vulnerable a la que nos hemos abocado durante años. Diabetes, hipertensión, infecciones respiratorias agudas y síndromes diarreicos son las enfermedades que motivan la medición en las principales ciudades del país.

La rigurosidad y constancia de dos mediciones quincenales, a pesar de la coyuntura y recrudecimiento de la Emergencia, nos dio confiabilidad tanto en la metodología como en los resultados. Desde finales de 2018 nos preparamos para medir en más ciudades e incluir antidepresivos y anticonvulsionantes dentro del estudio.

Los resultados del índice general se han mantenido en niveles superiores de 50% y 60%, alcanzando picos extremos cercanos a 100%.

Pero detrás de estas cifras frías y vacías, según se cree, confluyen muchas historias que juntas revelan los bemoles y particularidades que tocan a una sociedad entera. Hay voces y rostros que dan cuenta de la escasez y, sobre todo, de la indolencia e inacción del Estado. Nuestro trabajo nos llevó a buscar un paliativo que colabore con la situación a través de un programa de Acción Humanitaria. El contacto con el ciudadano de a pie nos abrió cada vez más a la posibilidad de entender la complejidad del fenómeno a través de sus protagonistas anónimos.

Todas las historias conectan puntos en común, anécdotas devastadoras, impresiones y sentimientos que lapidan más allá de la frialdad de una cifra. Voces de la escasez es la primera temporada que resulta de un arduo proceso de investigación, documentación y relaciones humanas con el ciudadano de a pie.

Es el relato descarnado en las vivencias de…

  • una madre soltera con déficit de atención, analfabetismo y un hijo con autismo severo que le genera convulsiones
  • una pareja de adultos mayores jubilados de la Universidad Central de Venezuela que lidian contra la diabetes y el asma
  • una madre de familia clase media que batalla con trastornos gastrointestinales y síndromes diarreicos frecuentes
  • una hija abocada al cuidado de sus padres, quienes padecen diabetes e hipertensión, a expensas de su propio cuadro depresivo
  • un hombre de 41 años lidiando con el control de su esquizofrenia en sus entornos sociales y de trabajo

Seis personas que luchan en dos frentes: Contra la emergencia que el país les impone y contra la enfermedad, dan voz a los muchos que han sido silenciados, ellos son el rostro de aquellos que perdieron en uno o los dos frentes y no pudieron contar su historia.

Ellos dan cuenta de la indolencia de un Estado que decidió separarse de su función de salvaguardar la vida de los ciudadanos a objeto de que unos gobernantes ineficientes se mantengan en el poder, aunque gobiernen en un cementerio.

El punto de partida es el desabastecimiento. ¿El resultado? El encuentro con el otro, reflejo valiente de lo que todos padecemos en la Venezuela donde escasea hasta la garantía de nuestros derechos.

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