Descargar Boletín n° 21 Abril – CONVITE AC

Abril es catalogado como el mes de la salud, debido a que cada 7 se celebra el Día Mundial de la Salud, como una oportunidad para promover el conocimiento y la concientización sobre temas de salud pública que afectan a millones de personas de todo el mundo. Para 2019 el tema seleccionado fue la “cobertura sanitaria universal”, es decir: “atención que necesitan las personas, cuando quiera que la necesiten, en el seno mismo de la comunidad”.

Venezuela actualmente se encuentra fuera del foco de evolución en áreas de salud, debido a la devastadora crisis sanitaria que azota al país, así como el incremento en estadísticas alarmantes de escasez y proliferación de enfermedades, incluso de aquellas erradicadas décadas atrás (Paludismo).

Durante meses, Convite A.C. ha presentado un Índice de Escasez de Medicinas (ÍEM) en el que se reporta la disponibilidad de medicamentos para algunas de las principales morbilidades en Venezuela. Esto motivado, no solo por la Emergencia Humanitaria Compleja que vivimos, sino también por la ausencia deliberada de estadísticas y documentación oficial de los organismos competentes. En abril, las cifras más alarmantes de escasez se registraron para anticonvulsivos (87,8%), antidepresivos (85,2%) y remedios para las infecciones respiratorias agudas (80,8%). Para la hipertensión, la diabetes y la diarrea hay una  tendencia mayor a 55%, lo cual implica una disponibilidad “máxima” de medicamentos para 5 de cada 10 venezolanos.

De las ciudades monitoreadas, Barquisimeto, Área Metropolitana de Caracas, Puerto la Cruz y Mérida siguen siendo las más afectadas, con índices que oscilan entre 60 y 97%. La mayor quimera la tienen las personas que padecen depresión; convulsiones, a pesar de los riesgos de la no ingesta oportuna; infecciones respiratorias agudas, la cual afecta principalmente a niños; diabetes tipo II, una enfermedad que requiere tratamiento y monitoreo de por vida; y diarrea, una condición que se agrava y extiende en la población debido al suministro intermitente y/o contaminado de agua.

No obstante, la medición del cuarto mes de 2019, arrojó un leve descenso del índice general hasta 68 puntos, el más bajo registrado durante este primer trimestre. Se estima que la causa es la adquisición de medicamentos no subsidiados e importados por parte de las farmacias, lo cual genera sobreprecios que aún limitan el acceso, especialmente para personas vulnerables, como los adultos mayores, que dependen de la pensión o la jubilación para satisfacer sus necesidades básicas.

País enfermo y en riesgo de morir: múltiples y sistemáticas violaciones a los DDHH

Comprometidos con la visibilización y denuncia de las vulneraciones de Derechos Humanos, la organización sigue condenando la emergencia de la crisis eléctrica y la poca accesibilidad al vital líquido. Crisis que no solo afectan al funcionamiento de la nación, sino que impactan directamente en la salud de venezolanos e incluso han influido en el deceso de muchas personas en los últimos meses.

Más de 90% de la población del territorio venezolano no recibe agua de forma continua y, de encontrarle, suele estar contaminada; por lo que su consumo ha desencadenado infecciones de cualquier índole: síndromes diarreicos que pueden llegar a ser mortales y la proliferación de virus y bacterias. Un riesgo al que todos los individuos están expuestos, especialmente los hospitales, centros de salud, casas hogares y ancianatos, donde la “operación tobito” se ha vuelto una rutina más dentro del viacrucis de enfermarse en Venezuela.

En cuanto a la electricidad, cada apagón o intermitencia del servicio implica la paralización de servicios, el riesgo de mantener hospitales operativos solo con planta eléctrica, estar a merced de fallas en plantas (y a la escasez del combustible para la misma) e interrupciones que afectan en lo económico y, también, al bienestar de los venezolanos, provocando cuadros emocionales negativos de estrés, miedo y angustia.

La tercera edad sufre ante el abandono

Problemas económicos, incertidumbre, carencia de servicios, problemas para movilidad y transporte, la migración forzada, la escasez de medicinas, reducción de la ración diaria de alimentos y la constante búsqueda de alternativas para suplir tratamientos o dietas son solo algunos de los dramas que los adultos mayores padecen en Venezuela.

Uno de los lugares donde se reflejan notoriamente las dificultades es en la casa hogar Padre Machado ubicada en Los Teques, estado Miranda. Las monjas, cuidadoras, también se ven severamente impactadas por las condiciones que están atravesando y reclaman lo que consideran la no-atención por parte de las instancias gubernamentales.

Desafortunadamente, esta situación del Padre Machado se repite en la mayoría de los ancianatos venezolanos, con excepción de aquellos que son privados y cuentan con ayuda externa; estos recintos geriátricos se han convertido paulatinamente en depósitos de personas que quedan a su suerte, donde ni la familia ni el Estado responden ante las crecientes necesidades.

Mujeres vulnerables porque la salud sexual y reproductiva está en emergencia

Convite A.C. mantiene su monitoreo de disponibilidad de anticonceptivos en varias ciudades del país. Barquisimeto, Puerto la Cruz y el Área Metropolitana de Caracas (AMC) se mantienen como las ciudades donde se generan los reportes más alarmantes. Los índices son de hasta 100% de ausencia en productos ginecológicos, tales como anticonceptivos inyectables, orales, dispositivos implantables, parches y aros vaginales.

A diferencia de Maracaibo que, según la investigación, hay mayores posibilidades de conseguir anticonceptivos orales y condones. En cuanto a Mérida las probabilidades solo están en los métodos de barrera y la anticoncepción de emergencia porque los demás rubros son casi imposibles de adquirir.

La organización insiste en el panorama de derechos sexuales y reproductivos en el país, porque sus vulneraciones impactan con mayores consecuencias a la mujer venezolana. Quedan expuestas no solo a las infecciones de trasmisión sexual y la ardua labor de tratarlas sin antibióticos y/o antirretrovirales; sino también corren el riesgo de afrontar un embarazo en condiciones que no les permiten llevar un control seguro, poniendo en riesgo tanto su vida como la del del feto.

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