La alimentación es un derecho y cada ciudadano debería tener la libertad de decidir qué marca comprar, qué cantidad comprar, cuándo comprar, en dónde comprar y no estar sujeto a chantajes que ofrezcan hambre o sumisión.

El beneficio social de las bolsas de comida del CLAP cada vez está más en entredicho, porque las redes de poder se encargan de vigilar, presionar y restringir a los que disfrutan libremente de sus derechos porque no les conviene.

Así está la crisis de DDHH en Venezuela: Votar u opinar puede privarnos del CLAP o cualquier otra ayuda social. ¿Hasta cuándo van a seguir negociando con nuestras necesidades y derechos? #CLAPChantaje

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