Hablar de principios humanitarios, clústeres, espacio humanitario y toda esa jerga, era para Venezuela algo que nos ponía a pensar en desastres naturales, en las hambrunas de la África subsahariana o cualquier conflicto étnico en algún otro lugar del mundo.

Sin embargo, desde hace unos 5 años atrás organizaciones de la sociedad civil venían alertando sobre la inminente posibilidad de que Venezuela entrase en una emergencia humanitaria, esto ocurría en muchas ocasiones bajo el ataque del gobierno, quien tildaba tales advertencias como alarmistas, agoreras y serviles a intereses imperiales.

Con el transcurrir del tiempo las estadísticas comenzaron a hablar por si solas y a evidenciar que Venezuela mostraba alarmantes marcadores que hacían presumir un inexorable destino, incremento de la pobreza, aumento de la desnutrición, desmantelamiento de las capacidades de proteger del Estado, entre otras calamidades.

Es así como comienza a tipificarse nuestra emergencia humanitaria, y esto ocurría por ser una emergencia atípica, que no era producto de un desastre natural, hambruna ni tampoco consecuencia de una guerra o disputas étnicas, pero sin embargo comenzábamos a exhibir indicadores sociales y económicos muy similares a países que han transitado emergencias por alguna de las razones antes mencionadas.

Desde entonces organizaciones de la sociedad civil ligadas a los derechos humanos y a la exigibilidad de los DESCA comienzan a dar debates para tratar de dimensionar nuestra atípica situación de emergencia, para con ello tratar de dibujar bajo cuáles mecanismos se podría abordar, aunque ya todo apuntaba a que lo que podía hacerse para evitar el impacto de la situación no se había hecho, solo quedaba pensar en la mitigación del impacto. Resulta importante aclarar que estas alertas se comenzaron a hacer desde 2016, y fueron recibidas con ataques y sorna.

Tras estudiar las experiencias previas de emergencias humanitarias en el mundo, se logra dar con una tipología que bien definía lo que Venezuela de manera inédita en su historia como nación, comenzaba a vivir, una “emergencia humanitaria compleja” definida por la FAO como “una crisis humanitaria grave que suele ser el resultado de una combinación de inestabilidad política, conflictos y violencia, desigualdades sociales y una pobreza subyacente. Las emergencias complejas son fundamentalmente de carácter político (…) los cuales menoscaban los medios de vida y acentúan la pobreza”

El agravamiento de las condiciones en Venezuela y la insistencia de organizaciones de la sociedad civil finalmente logra que las agencias de las Naciones Unidas posen su mirada en el país, y comenzasen a realizar incipientes, y más frías que tibias advertencias sobre nuestra situación, esto bajo la indiferente mirada del gobierno quien insistía en negar la situación utilizando diversas excusas siendo las sanciones económicas la más usada.

Hubo toda una movida desde la sociedad civil entre los años 2016-2018, exigiendo la necesidad de que el gobierno venezolano aceptase la ayuda humanitaria, que ya muchos países comenzaban a estar dispuestos a brindar,  incluso el ex experto independiente de Naciones Unidas Alfred De Zayas, figura muy próxima al gobierno venezolano, en su último informe sobre Venezuela recomendaba al Estado venezolano aceptar la ayuda humanitaria ofrecida por varios países y reconocer la existencia de condiciones muy adversas.

Es así como a finales del año 2018 y principios de 2019 comienzan a establecerse algunas de las agencias de Naciones Unidas bajo figuras edulcoradas, con limitado mandato y bajo la cercana mirada del gobierno quien para entonces mantenía su posición de negar la emergencia humanitaria en el país.

A pesar de los múltiples obstáculos por parte del gobierno no solo en la instalación de un equipo humanitario de país, sino en la operación en campo de muchas organizaciones nacionales y más recientemente internacionales, en el año 2019 se logra la casi total instalación de los clústeres y la confección de un plan inédito para el país, el Plan de Respuesta Humanitaria 2019 (PRH o HRP  sus siglas en inglés) , el cual constituyó una aproximación a la difícil situación que atravesaba el país, en él había verdades, medias verdades y datos complacientes, esto último para evitar los que pudieran ser mayores obstáculos del gobierno, a la operación humanitaria.

Dicho plan estableció en 7 millones el número de personas con necesidades humanitarias, y se trazó la meta de atención de 2.3 millones con un costo de 223 millones de dólares. El universo de personas con necesidades humanitarias ha sido una cifra objeto de controversia y más aún la limitada meta de atención, lo que dejaba por fuera a casi 5 millones de personas, que sin ayuda no podrían salir adelante. Este laborioso y cuidadoso -políticamente hablando- plan de respuesta se finalizó bien entrado el año 2019, en el segundo semestre para ser más exacto, y contó con una limitada capacidad de captación de recursos, no logrando alcanzar ni la mitad de los fondos requeridos para su operación.

A las debilidades del plan se le sumó la eficiente capacidad de obstaculización de la operación humanitaria por parte del gobierno, las limitaciones a la movilidad de los actores humanitarios, el decomiso y retención de insumos humanitarios, la no emisión de permisos de operación de las  ONG humanitarias internacionales fueron tan solo algunos de los obstáculos que actores humanitarios sortearon durante todo el año 2019.

A finales del año 2019, aún sin tener muy claras las metas alcanzadas por el PRH-2019, con cada vez más obstáculos para operar y con un escalamiento de las condiciones humanitarias del país, se comienza a hablar de su hermano 2020.

Lo no logrado durante el año 2019 -que fue muchísimo- se alcanzaría en la nueva versión 2020 del PRH, sin embargo, no contábamos con la aparición en escena de la pandemia por Covid-19, lo que supuso entrar en una emergencia dentro de otra, poniendo a prueba a un país con mermadas capacidades sanitarias y con ya 7 millones de almas que, sin ayuda, podrían pasar a ser una estadística fatal.

En plena pandemia y con crecimiento exponencial se lanza el PRH 2020 y como si fuese un hermano gemelo, de la versión de 2019 vuelve a salir con retraso, mantiene el universo de personas con necesidades humanitarias en 7 millones y amplía su meta de atención 4.5 millones, ampliación que se desconoce si es la sumatoria de lo no alcanzado en 2019, más la verdadera meta de 2020. En materia presupuestaria se amplió la meta de recaudación a 762.5 millones de dólares, donde el 83% de los fondos son solicitados por las agencias de Naciones Unidas, 7% por organizaciones nacionales, 5% organizaciones internacionales y 5% otros.

Este PRH 2020 si bien amplía su meta de atención sigue siendo insuficiente para la gravedad de la situación venezolana, que tal como lo evidenciaron los recientes resultados de la ENCOVI 2019 es mucho más severa en daño y en cantidad de personas afectadas, que las fijadas como universo en el plan.

Este PRH 2020, ahora sale a buscar apoyos financieros que permitan costear su operatividad, esto en medio de un mundo, donde cada país tiene su propios problemas asociados a la pandemia  Covid-19, hace bastante cuesta arriba augurar un desempeño de recaudación prolijo, la emergencia venezolana ya comenzaba a perder interés en el mundo humanitario y ahora con la pandemia global muy probablemente esa situación se acentúe, estamos frente al riesgo de que nuestra emergencia se convierta en una emergencia olvidada.

Como rasgo resaltante el PRH 2020 destaca y reconoce los retos operacionales que tuvieron que afrontar en  el año 2019 “politización de la asistencia humanitaria, impedimentos logísticos debido a la falta de combustible y al deterioro en la infraestructura y servicios esenciales, una falta de confianza o apertura al tema humanitario en algunas zonas, y la presencia localizada de grupos armados irregulares. Limitaciones administrativas también afectan la entrada de organizaciones, personal e insumos en el país, especialmente para las ONG internacionales, y limitan las operaciones y movimientos dentro del país” (RESUMEN DEL PLAN DE RESPUESTA HUMANITARIA 2020 CON PANORAMA DE NECESIDADES HUMANITARIAS VENEZUELA).

Es urgente adelantar todas las acciones necesarias para que el Programa Mundial de Alimentos ingrese al país, solo ellos pueden tener un impacto en la mitigación no solo del daño nutricional que ya viven millones de personas, sino también en la recuperación de capacidades locales de producción de alimentos y en la logística para su distribución.

Finalmente, estamos frente a una tormenta perfecta, de la que sin ayuda no podremos salir, es necesario ampliar, preservar, fortificar, financiar, despolitizar el espacio humanitario con miras a poder poner en marcha un plan de respuesta humanitario basado en las necesidades y en el principio de proteger a las personas, en el que no se confunda neutralidad con silencio frente al daño deliberado. Ya muchas experiencias humanitarias hay donde la neutralidad se pagó con vidas de inocentes que pudieron ser salvados, no permitamos que la emergencia humanitaria compleja en Venezuela sea recordada como una catástrofe humanitaria, aún estamos a tiempo de proteger a las personas.

Luis Francisco Cabezas en Tal Cual – Opinión

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